Diciembre 21, 2009

La vida tiene pétalos

La vida tiene pétalos y un abeto donde tiemblan las historias. La historia de ese pájaro que llegaba a dormirse en los escaparates y ahora vuela en el alma de sus nuevos clientes.

La historia de un hombre que ha esperado mil años a que el sol saliera entre la nieve, la historia de esa nube que cubría las ciudades con papel de periódico y ahora deja su lluvia sobre unas calles que a mí me parecen más luminosas que nunca.

La historia de mis gafas, las que piden mis ojos, las que ponen murmullos de esperanza. La vida tiene pétalos. Lo sé porque tengo la sensación de que todo es posible, de que el mal tiempo no es un obstáculo, que la nieve de hoy es un reto para mañana, que estás navidades son las mejores en mucho tiempo.

La vida tiene pétalos y un abeto donde tiemblan las historias, la nuestra, la que podemos escribir a partir de ahora, comprendiendo la suerte tan frágil de vivir, redimiendo nuestros errores, dándonos la oportunidad que merecemos. Recordando esos ojos, los nuestros, que acertaron a cruzarse hace ya mucho tiempo y que siguen ahí, expectantes y confiados, inocentes e inexpertos, pero con el deseo de volver a mirarse.

Y quien sabe, quizá para abrir un nuevo camino, el definitivo. Para encontrarnos en Singapur y unos labios como único equipaje.

Feliz Navidad.

Diciembre 20, 2009

Patadas en la espinilla

Me encanta el lenguaje de los niños, dan patadas al diccionario como nos las dan en la espinilla. El lenguaje como la vida se aprende a base de patadas, de pataleo. ¿Acaso no dan pataditas sin haber nacido? Antes de nacer ya saben que tienen que dar patadas a diestro y siniestro y a mí una patada bien dada siempre me conmueve.

La primera niñez, la época que perdemos de nuestra vida, de la que nunca nos acordamos ni sabemos nada, sólo se recupera con el hijo, con tu sobrino, con tu nieto o con el hijo de la vecina del quinto. Con ellos vuelve a vivirse. Gracias a mi sobrino vuelvo a asistir a mi propia infancia; volvemos a nuestro propio nacimiento. Y ahora en Navidad todo esto se acentúa.

El niño, su debilísimo denuedo, su crueldad de pastel, presente completo. Nunca llevamos a un niño de la mano, siempre nos lleva él a nosotros, nos trae. Aprender a dejarse llevar por el niño, confiarse a su mano. Nos lleva hasta los reinos de lo pequeño, acude a nuestra propia infancia dormida, nos mete por el sendero más estrecho, transitado solo por la hormiga, las canicas, el clavo solitario y la piedra rodadora. Ir con él por la calle, por el campo. Y nos da la medida de nuestro exilio, porque él si pertenece a los cielos viajeros, a la luz del día, al estallido de la hora, y nosotros ya no. Nosotros nos hemos distanciado con el pensamiento, la reflexión, la impaciencia y el orden. El niño que no tiene proyectos ni programas, se incorpora inmediatamente al clima, entra a formar parte de la meteorología y todo le sonríe, como dijo el poeta que los líquidos sonríen a los niños.. .

Que torpe para lo sencillo, que hábil para lo inesperado. Crueldad y ternura son en él una misma cosa, y destripa el mundo porque lo ama, y sus pasos menudos van tomando posesión del planeta con levedad y amor, porque aunque el niño apenas si le pesa a la tierra, es más de la tierra que nosotros, viajeros ya por los aires convencionales de la reflexión y el miedo. Todo lo recibe como si lo esperase desde siempre, y puede mirar a los perros y a los gatos frente a frente, lo cual nosotros no hacemos nunca. Mi sobrino pasa del sueño a la vigilia dentro de una misma palabra, sin ruptura, sin trauma, y va por la casa despertando a lo que siempre estuvo dormido, hasta que él llegó: los picaportes, los cierres de los armarios, el fondo de los  jarrones  y el revés de los objetos.

Hay una dimensión del hogar que solo lo descubre el niño. De la persona descomunal que le toma en brazos, sólo le interesa un botón determinado. Del mar solo le interesa una concha. Sabe reducir lo enorme a su medida, compendiar el mundo y entenderse con lo inmenso mediante lo pequeño. Por la noche entra en el sueño como en una fruta viva. Cualquier postura es buena, y el dormir le sorprende siempre yendo hacer algo, en ademán de tirarle a la luz de su túnica o apresar el agua por la garganta. Pronto descubrirá lo que se puede hacer con las palabras. Las letras, el alfabeto, la escala de las vocales, el niño a la sombra de sus padres, pájaro ligero por el árbol de la gramática. Salta, va, viene, se equivoca de rama, vuelve a saltar, dice la a, la e, rie con la i, se asusta con la u, vive. Por ahí empieza la historia, empieza la cultura, el mundo de los hombres, ese juego largo que hemos inventado para aplazar la muerte. Las letras, insectos simpáticos y tenaces, juegan con mi sobrino como hormigas difíciles. Es el paleontólogo ingenuo de nuestro mundo de jeroglíficos. Somos sus antepasados remotos, esfinges egipcias, dioses griegos, estatuas etruscas, dialectos nubios.

El otro día en el Carrefour desmoronando la torre de naranjas; entre los fuegos quietos de la fruta, que le abrasa de verdades, de rojos, de malvas, de amarillos. Él, fruta que habla, calabaza que vive. Y grita, chilla, ríe, lleno de pronto de parientes naturales, primo de los melocotones, hermano de los tomates, con momentos de hortaliza y momentos de exquisita fruta tropical. Es como si le hubiéramos traído a una casa de mucha familia, a un hogar con muchos niños. Como cuando se reencuentra con la hueste ruidosa de los primos. Y corre entre las frutas, entre los niños, entre los primos, entre los albaricoques…

Dibuja mi sobrino, escribe, hace sus primeras letras, hace su cuatro, su alfabeto, sus fieras. Mi sobrino es un albaricoque  sin madurar y toda mi infancia vuelve a mirarse en su pizarra. Viene de la hortaliza y va al concepto. No sabe aún mi sobrino cuanto cuesta volver a reconquistar las cosas, que el idioma sea otra vez voluptuosidad, descubrimiento, fruta y no diccionario…

patadas en la espinilla.

Diciembre 14, 2009

Porque lo sé

Atardecer en Salou, Tarragona

(a Elena)

Ahora, desde la calle, todo me llega débil como un baile lejano. Hoy he soñado contigo. Quería decírtelo, así brevemente. Hoy siento que el mundo tiene sabor de noche vieja, de celebración, porque sé que me lees y ya no hablo a un vano fantasma.

Ahora así es más fácil recrearme en sueños, cultivarte, fantasear con un presente distinto y más benigno en el que tu recuerdo estuviese suplantado por tu cuerpo, tu espalda al abrigo de mis brazos y de mi pecho, por tu respiración. Aunque conviene no excederse en lo que no fue, ni es, ¿Ni será?, yo no escarmiento y sigo componiéndote con vocación filatélica.

Porque sé que si te pierdo de nuevo volvería a encontrarte. Porque sé que a este amor le pertenecen los días que me faltan por vivir, la realidad con su mirada inhóspita no ha podido con este amor, el deseo que nace de los sueños. Porque lo sé, porque ya casi todo pertenece a este amor, como las realidades que viví, como los sueños que me quedan.

Diciembre 10, 2009

Todos ven lo que pareces, pocos sienten lo que Eres.

“Uno de los mejores placeres de la vida es compartir”.  Dicho por Virginia hace cinco minutos. Por eso no te doy las gracias.

(Por cierto: ¿Crees que soy demasiado adulador?)

Diciembre 10, 2009

Monologando contigo

En atardeceres con niebla, cuando yo salía por la ciudad entre una multitud de ojos luminosos, vagos y flotantes, mirado por todas las luces de Madrid, en aquel entonces, cuando mi afán de aventura se desvirtuaba por un aquí y un ahora apresurado, subía a tu casa, llegaba entre panaderías y discotecas, iba en un ascensor viejo, lento, que pasaba patios hondos, casas sin pared, envigados al aire, tendederos inmensos, y así hasta el silencio de una alcoba verde con señores de barba impresa, peces colgados del techo, una cesta con fruta podrida, el viento en la terraza, y un libro abierto y sangrante.

Quien eras, quien eres, a quien hablo, que escribo… La manzana caída, un amor con muchos espejos. A quien importa a quien dedico estas palabras, muebles ahogantes, muñecos, la mirada seca de cualquier adorno, y un cuerpo recobrado, una gloria a punto de arder, una risa que todavía iluminaba tu carne optimista y cansada. Y yo en silencio o monologando contigo, y enamorado realmente de tu pie, sin atreverme a decir que la vida da igual, que los sentimientos son reversibles y que la única realidad reclamante, viva y concreta, era en aquel momento tu pie desnudo, puro como una piedra, seguro como un pequeño animal, dorado como un verano.

Diciembre 8, 2009

Ayer, tu me esperabas

Yo te he estado esperando más allá de este invierno que comienza, de la letra sin pulso, y el verano de mi primera carta que no llegaste a leer. Por detrás de las noches y las calles, de las hojas pisadas y de las obras publicas y de los comentarios de la gente, por encima de todo lo que soy, de algunos restaurantes a los que ya no voy, con más prisa que el tiempo que me huye, más cerca de la luz y de la tierra yo te he estado esperando.

Te estaba esperando me decías a punto de dormirte y yo; desde aquel verano del 96, a través de los libros, de mis años oscuros, de la flor que no quiso convertirse en almohada, por debajo de todo lo que amé.

Te he estado esperando.

Y seguiré esperando como los amarillos del otoño, cuando la piel se apague y se pongan más serias nuestras fotografías, después de que mi memoria se convierta en arena yo te seguiré esperando.

(29 Mayo 2008)


Diciembre 5, 2009

Barro entre los dedos

Hay noches que desembocan en esto, en una especie de decepción sin medida. Un desencanto, que donde no hay encanto no te puedes desencantar. Cuando decimos que estamos desencantados no sabemos lo que decimos.

Y pienso ahora que dicho así, el encanto es un embrujo, un hechizo, una magia. El encantamiento que suele terminar cuando uno hace chasquear los dedos, a la de tres. Pura ilusión.

Una caricia, leve, suave, efímera. Entonces ¿Donde está la desilusión, la decepción, el desengaño, si de antemano nos dejamos engañar o nos engañamos?

Hay noches que desembocan en esto, en una añoranza de algo intangible, de algo que tuvimos o creímos tener. Como aquella caricia que aún permanece; como el barro que queda entre los dedos si fuéramos alfareros distraídos y hubiéramos trabajado todo el día pensando en el reposo.

Esto es todo. Alguien que pasa y un suave pensamiento.

Diciembre 3, 2009

Aislados

Mirar alrededor y ver como se paga el mundo, retrocede, se hunde, enmudece, nos abandona; ver que se acercan la noche y el desanimo y el silencio y el frío…

Ser viejo es ser vencido por la amarga sospecha de no importarle a nadie.

Diciembre 1, 2009

La dirección del viento

COLORES con PERSONALIDAD
Para Kandinsky, los colores tienen personalidad, así decía que “el verde irradia aburrimiento (…). El verde es como una vaca, gorda, sana e inmóvil, que rumiando contempla el mundo con sus ojos adormilados y bobos” o que el amarillo se relacionaba con la locura.

Nos pasa a veces, que creemos tener lo que queremos, lo que anhelamos. Y nos acomodamos en una especie de balsa salvadora que nos protege de tempestades y de vientos que podrían mover nuestros cimientos, dejándonos indefensos, vulnerables, a merced de los acontecimientos siempre insospechados. Otras, cerramos los ojos por cobardía, o por instinto de protección.

Y otras veces, puede que sea la vida la que a menudo se nos oculte, vamos viviéndola, rutina, horarios, deberes, costumbres, creemos que vamos viviéndola y ella está sin embargo escondida, agazapada detrás de un matorral de menudencias, lanzando a nuestro paso tenues crujidos, insignificantes corrientes de aire que nuestra conciencia no percibe.

Existen la sorpresa, el azar, la catástrofe, existen la enfermedad y la muerte de un ser a quien queríamos a quien querremos siempre, pero del que la muerte nos aleja, y el trabajo que perdemos sin sospecharlo, y el amor que surge de pronto, ¡zas!, una mujer a quien solo mirábamos como a una amiga y crees ver la promesa del cielo en su mirada. Y existe lo callado y lo oculto, lo que va siguiendo nuestro paso bajo tierra a la vez que nosotros caminamos, la rutina, la costumbre, el aburrimiento. . .

 

y una noche de pronto, quien sabe si por qué nos duele la cabeza con un dolor distinto al de costumbre que parece encenegar la vida entera y mostrarnos resuelta su otra cara, o acaso porque a la mujer a la que amábamos, ni siquiera se ha vuelto a mirarnos cuando a sonado en una radio, durante unos instantes a penas, la misma canción que una vez retumbo pletórica por todo el universo mientras ella nos abrazaba…   Quien sabe por qué de pronto, una noche o una mañana temprano, la vida nos salta encima; sí, quizá un día nos damos cuenta de que nos hemos convertido en la gorda vaca acostada de “Kandinski”, rumiando en medio de un mundo verde, en tanto que más allá se encuentran prados mucho mas apetecibles con una hierba más fresca, amaneceres dorados, pálidas lunas o locos vendavales, vientos que soplan en la dirección adecuada, que azotan el instinto y hacen correr la sangre más deprisa.

Cuando se experimenta el amor como si fuera la primera vez, no entendemos que variados y cómicos pueden ser sus efectos, como se pueden equivocar las cosas, como podemos negar lo que sentimos engañándonos a nosotros mismos y sin pretenderlo a los demás, como podemos percibir que el viento se agita en una dirección errónea y no hacer nada para evitarlo.

 

Qué tontería ¿Cómo puede el viento soplar en una dirección errónea?  Pero lo normal es pasarse la vida rumiando sin enterarse.

Afortunadas benditas vacas que alcanzan el paraíso en la tierra.

Eso pienso a veces.

 

 

Noviembre 23, 2009

MiniDiario

Hoy me he enterado que Fausto ha llegado al mundo y no he podido reprimir una amplia sonrisa. Ya sé que C. Mi quilmeña favorita, no estará en condiciones de leer esto que estoy escribiendo ahora y haría mal si lo hiciera. De cualquier forma ya la he felicitado en su Facebook. Sé que va a ser una madre excepcional. ¿Ves C. El amor era esto que te espera y que no conocías).

 

Por lo demás, me acuerdo de A. “La niña de la lluvia” hoy la he llamado y me cuenta que está “al pelo” una expresión que ha pronunciado varias veces. Está pletórica, llena de entusiasmo desde que dejó las facturas y fiscalidades, incluso dice que ha engordado tres kilos y duerme mejor: tres horas. Algo inusitado para ella, acción reacción, calamidad. Creo que fue ayer cuando hablé con B. Aún me debe un relato, pero no está en sus mejores días, su madre está ingresada y ha tenido que partir a Zaragoza. V ayer me insinuó que quería ir a Viñarock al año que viene, si me decido, tendré que dejarme el pelo largo de aquí a la primavera y ponerme unas plataformas para estar a su altura, aunque yo prefiero ir a la opera a ver Rigoletto, me van más las máscaras venecianas que los collares de pinchos. N está “insoportable” últimamente, cree que cualquier adulación mía significa que quiero volver al pasado y me lo resalta constantemente. Mi “acercamiento” no pretende otra cosa que conservar su amistad, pero piensa que lo que quiero es otra cosa. Allá ella.

De cualquier forma estoy animado esta semana, aunque tenga que volver a hacer de vampiro de nuevo. Hace poco he encontrado a E. Después de tantos años y me agrada conversar con ella. Nos hemos contado cosas que a mi me hacía falta contar y que estaban ahí, como agazapadas. Son ya diecinueve años los que la conozco Abrí este blog el día de su cumpleaños y puedo decir sin tapujos que ha sido mi musa, la clave de mi inspiración, mi amor imposible.

Estoy feliz.