Septiembre 13, 2007...11:41 am

Mister Hyde

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Hace algunos años una noche de invierno, tras una larguísima jornada de trabajo, en la que yo muy enchaquetado y encorbatado dedicaba mis desvelos profesionales cuan ejecutivo agresivo, salí del despacho con el tiempo justo para pasarme por casa, duchándome, cambiándome para acudir en taxi a un restaurante situado en una zona nada recomendable de Madrid, barato, y con una clientela borrascosa, en el que había quedado a cenar, como tantas otras veces, con unos amigos. La cena se prolongó hasta pasada la media noche y continuamos la reunión en un tugurio cercano al restaurante, un sótano sórdido y maloliente en el que mi yo crápula y temerario solía alternar con magníficos ejemplares, capaces de pasar en un santiamén de lo amigable a lo truculento, de los bajos fondos. A las tantas salí de allí en turbia pero excitante compañía, y no había caminado cincuenta metros cuando me encontré frente a una compañera de trabajo que, aterida de frío y sobrecogida por la dureza nocturna de aquellas calles y aferrada al brazo de un chico con pinta de asistente social y de ser la primera vez que se aventuraba por semejantes andurriales, y aquella noche lo había hecho seguramente por inconciencia y equivocación, dio un respingo al verme y dijo: “ ¡Uy!; ¿Qué haces por aquí? Eres como Mister Hyde

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