Siempre por algún sitio hay un perro que se parece a algo o a alguien. Parecerse a una toalla tiene sus ventajas, pero también sus desventajas. Pueden aprovechar para tratarte como a un trapo y no hay manera de evitarlo.
La naturaleza es lo menos monótono que hay: ¿Por qué entonces el hombre lucha contra las diferencias, aboga por la integración, provoca las asimilaciones? ¿Por qué quienes sustentan el poder aspiran, conscientemente o no, a que aspiren los otros a parecerse a ellos? ¿por qué desprecian a los que no lo logran?, ¿Por qué hacen, con un retorcimiento de la naturalidad, que los diferentes se sientan inferiores? ¿Y por qué –incalificable atrocidad- llegan a perseguirlos?.

3 comentarios
Diciembre 4, 2007 a las 3:08 pm
Parece que es lo que se lleva ahora, o estás conmigo o estás contra mí y no hay termino medio. Por eso supongo que intentar captar adeptos, y los que se quedan fuera parece que son el rival.
Como muchas otras cosas, no tiene sentido, pero funcionamos así.
Diciembre 5, 2007 a las 12:25 am
Pareciera como que lo “nuestro” es lo más legitimo, como si no hubiera otras formas igual de legitimas. Las diferencias que caracterizan a alguien deben seguir existiendo. No se quien dijo que si todos fuéramos iguales todos seriamos peores. Puede que tenga razón. Gracias por tu comentario. Saludos.
Agosto 9, 2009 a las 9:37 pm
yo quiero a ese perrito. me muero por tener uno como el