¿Que es lo que pasa cuando uno tiene cierta ansiedad? Pues que se fuma un paquete de tabaco o se pone a picar entre horas.
Que no, que no me refiero a que a uno le de por picar una zanja para plantar el árbol que aún no ha plantado, junto al libro que no ha escrito o el hijo que no ha tenido. Que no, que no sirve de nada defenderse con querer hacer todas las cosas que no hacemos y que no podemos hacer con rabietas, rebeldías, y pataletas de adolescente. Es como la resaca esa del mar cuando tiene hambre, cuando te quieres dar cuenta ya no hay manera de volver. Así la inercia, el movimiento mediocre y elemental de la vida, su mecanismo torpe y repetido.
Hoy me ha dado un ataque de lirismo. Deberían recetar un antídoto en las farmacias, estoy seguro de que sube la tensión, porque ahí fuera hace frío y yo estoy lleno de hogueras que tengo que apagar con palabras huecas y ropas vacías. Pero nada, no escarmiento, y sigo pisando con miedo la falsa vegetación de las palabras, la trampa de ramas por donde me dejo ir. Imagino que todas estas tonterías a las que quiero dar categoría de metáforas se parecen mucho a las escaleras mecánicas de las tiendas, cuando te quieres dar cuenta ya estás arriba y no te ha dado tiempo a pensar en el recado del que venías o el la factura que llevas en la mano.
De cualquier forma, yo en lo que pienso cuando subo o bajo unas escaleras mecánicas, es en algún lugar idílico con buena compañía y me da por cantar; bajito eso sí, casi susurrando aquella de Were always on my mind mientras emulo a Ray charles tocando en piano apoyado en el pasamanos. Claro que, luego viene la señora que baja por la otra escalera y me mira como diciendo: “¿De donde se habrá escapao?”.