Si, póngame medio kilo de boquerones. No, no son para hacerme un llavero, son para rebozar. Y es ahora al terminar esta frase cuando pienso que no estaría nada mal tirarme a la pescadera sobre los mariscos. Claro, después de esperar mi turno tanto tiempo, a uno le da por pensar cosas lascivas. Pero el hielo, el perejil y esas hojas enormes de col me hacen imaginar sus tersas nalgas hincándose en las patas de las langostas, en las patas de los bogavantes, de los cangrejos, algunos todavía con cierto movimiento.
No, no voy a relatar un pasaje erótico aunque podría hacerlo, recursos tengo para ello, para dejar a los besugos con la boca abierta mirando la escena embobados, en plena modorra de su letargo mortal y helado. Pescadillas mordiéndose la cola de envidia, salmonetes rojos de vergüenza, gambas combadas de curiosidad. Una bacanal marina me apetecía en ese momento. Haría con la pescadera lo que escribió un amigo mío novelista en su primera obra: “Y entonces copularon con saña hasta el alborear”. Este amigo si tenía talento y humor, un bon vivant impertérrito. Así cualquiera.
El caso es que después de la escena de la pescadería tuve que acercarme a una tienda de marcos para fotos, y me pasó lo mismo: la dependienta, joven ella, se situaba entre espejos y cristales que devolvían puntualmente su imagen desde varios ángulos, y para más INRI su atuendo era poco más que una falda corta y unas medias oscuras y una espalda interminable que reclinaba sobre la mesa de cristal, trajinando con la calculadora, y con toda seguridad sabiendo que quienes nos encontrábamos al otro lado de la mesa, podríamos contemplar dicha perspectiva de su cuerpo. Claro, cosas así, son para perder la compostura e imaginar la manera de salvarla de su cárcel de espejos.
He buscado por ahí, escenas de algún video de alguna pescadera que me sirviera para recrear esta entrada y he encontrado uno de la campaña electoral de Izquierda Unida, (un poco friki por cierto) donde sale Almudena Grandes (las Edades de Lulu) y otro de Supervivientes, donde mi concursante favorita (Miriam, ¿Quién si no?) pesca en las aguas del atlántico. Y es que esta chica podría ser mi pescadera particular, pero se me ha adelantado Pipi Estrada al que no le importó que antes lo hiciera Nacho Vidal. Es un decir. A quien le importaría.
En cualquier caso, los hombres siempre nos hemos caracterizado por la torpeza en eso del “ligar” no hay más que ver a Cliff y Norm en aquella serie de culto de los 80 llamada Cheers