Junio 2, 2008...2:38 pm

La bohemia y el princeso

Saltar a Comentarios

            Allí me encontraba, sentado, mientras tu te acercabas, yo miraba la bombilla. Y quizá no estaba todo lo asequible que tu esperabas, pues te echaste hacia atrás y dijiste: bueno, princeso, voy a ver si te animo un poco, que no quiero que me hagas ascos, princeso, y empezaste a desnudarte, a cinco pasos de mí, empezando por desalojar toda la bisutería (sin duda de precio) que llevabas encima, dejando sobre la alfombra aquel montoncito de brillos, pendientes, collares, joyeles, diademas, sortijas, pulseras y cosas.

 

Exagero, si. Pero a veces es bueno exagerar.

 

              Entonces fue cuando te dije, así estás más guapa, así estás mejor, más tu, más niña, más mía, más no sé, y tu me dijiste estás borracho, princeso, pero yo no estaba borracho, o al menos eso te dije. Te quitaste con mucho cuidado una cinta del pelo, como si al hacerlo se te fuese a caer rodando la cabeza. Esa cabeza hierática, etrusca, bohemia y te dije: me gusta tu cinta, y te echaste a reír, y luego te quitabas la ropa, retorciéndote mucho, desprendiendo con mucho cuidado los botones del pantalón y te quedaste con una braguita corta, negra, casi infantil, y así me gustabas más que nunca, y también te quitaste los zapatos de ejecutiva, con aquellos tacones finos que llevabas, y luego las medias, pues te habías vestido concienzudamente, siendo así, que pensabas desvestirte enseguida, conmigo, en el salón. 

 

Y aprendí para siempre, aunque estuviese borracho (que no lo estaba) que las mujeres se visten más el día que más prestas están a desnudarse.

 

Charles Aznavour – La Boheme.mp3

 

 

 

6 comentarios


Escribe un comentario