Suele pasar, que uno puede soñar despierto escuchando música. Mientras escribo escucho a Shania Twain. Cierro los ojos y me concentro en ella durante un rato y de repente me veo corriendo por las arenas de un desierto lluvioso, ella también corre junto a mi, mojada y risueña como si me conociera de toda la vida, pero ahora estamos en Alzaman cerca de un oasis. Me dice que hemos estado bebiendo té verde en la tienda de un tuareg, pero yo ya no me acuerdo ni del té verde ni del tuareg. Me sorprende que no estemos cansados, que no tengamos sed, que sigamos corriendo sin cuestionar la situación. Me asegura que nos dirigimos a buen puerto y que pronto podrá entrever los rasgos de una canción afortunada. Veo su lengua reseca moviéndose dentro de su boca para cantar la canción.
Cuando consigo entender el titulo: Woman in me, me pierdo en ese estado de dicha que solo lo puede dar el amor, recita de memoria, sin pensar, no entiendo lo que significa la letra pero reconozco una musicalidad que me hace sentirme libre y feliz.
Seguimos corriendo, nos cruzamos con una caravana de camellos y un hombre nos ofrece agua en un cántaro que tiene el color de las encías de los leopardos. Sin contemplaciones lo rechazamos desde nuestra vanidad inquebrantable y le pedimos en cambio que nos preste dos camellos, cosa que hace con complaciente y asombrosa solidaridad con nuestros pies doloridos, pues en ningún momento habíamos aminorado nuestras zancadas, seguros de comprendernos y hasta de querernos proseguimos la marcha junto al tuareg que también cabalga junto a nosotros, hablamos mientras Shanía sigue cantando, no entiendo mi incapacidad para cantar la canción con ella, pero no me importa no entenderlo. Nuestras palabras rebotan entre las dunas y se pierden agigantadas entre un horizonte ondulado. Shanía sigue cantando y le digo al tuareg que la disculpe que ella es una melómana de importancia, enganchada a la música como se está al cannabis, que de jovencita iba de picnic con la guitarra y el radiocassete y se le olvidaba la tortilla y de mayor se enamoró sin consecuencias graves de un bailarín de claké, y desayunaba siempre con una armónica. Ella sabe más de pitos y de flautas que los tuareg del Gran Nacional o triples vallas.
Parece entenderme porque asiente con la cabeza, incluso sonríe, estirando la barba blanca .Hemos conseguido desdibujar las curvas de la arena y borrar atrás el oasis convertido en un gusanito oscuro que desaparece, seguimos cantando y nos parece que la canción es el desierto y que el desierto es la canción, de forma que ya no sabemos en donde nos hallamos, si por la canción o por el desierto. De repente me veo en una casa junto al mar y Shania cantándome con el pelo mojado. (¡Dios, como me gusta una mujer con el pelo mojado!) y no sé como me las arreglaría yo para convertir todo esto en realidad y ya lo estoy haciendo.
Abro los ojos. El ordenador se ha animado a dar vida a unas imágenes del desierto que yo no he tecleado en él, ¿Será que Shania se empeña en corregir mi soledad? ¿Será que escribe por mi unas palabras que yo no soy capaz de escribir?. Sonrío.

1 comentario
Junio 17, 2009 a las 1:27 am
des de q escuche su musica
no puedo dejar de aserlo
esta biem chida mas cuando
ese duo con los bastrik bois
solo espero y un dia sistir
por lo menos a un consierto de ella
es hermosa