Agosto 21, 2009

Nada nunca se acaba

            Hoy voy a contar un cuento. Algo que sucede más a menudo de lo que pensamos. Es la historia de Patricia, una chica dinámica, viva, alegre, libre y liberal, no deja a ninguno de los hombres que se cruzan en su camino la más remota oportunidad de adueñarse de su corazón. Un día en una reunión de amigos le presentan a André y Patricia le comenta a una amiga: “Con este me acostaré”. Nada más. un presentimiento. André es francés y se vuelven a ver en Paris y es el flechazo reciproco, intenso. Un rayo en el cielo de la capital francesa. El nacimiento de un amor loco. No pueden prescindir el uno del otro. Cada cinco minutos se llaman por teléfono. Cuando André tiene que ir a Estados Unidos, se la lleva por miedo a no “encontrarla a la vuelta”. Durante siete años se reúnen cada noche en el apartamento de Patricia, en el barrio bohemio de Montmartre, cerca del Sagrado Corazón. Siete años de pasión; siete años durante los cuales, André es la vida de Patricia. Pero un día a la vuelta de un viaje al sur de Francia, Patricia encuentra el piso vacío: André se ha ido. Llama a un amigo común: “Te está poniendo los cuernos”, le dice sin rodeos. Aquel día la felicidad le dio un portazo en el corazón. Su vida se detiene mientras André intenta convencerla de que “nada nunca se acaba”.

                     Hospitales, psiquiatras, antidepresores, ansiolíticos, somníferos, pastillas de todos los colores…. Nada  consigue borrar de su mente la película tecnicolor de aquellos siete años. Quiere dormir, dormir para siempre. Sobredosis deliberada de barbitúricos. Pero los cancerberos no le abren la puerta de los limbos adonde van a parar las almas de los amantes rechazados. No muere, tampoco vive. Una frase, una sola frase ronda en su cabeza: “Nada nunca se acaba”.

 

                    Se acuerda de las primeras Navidades que pasó con André, hace ya tanto tiempo. Es la fijación. Sabe que nunca jamás volverán a vivir juntos. Pero quiere estar con él en Navidad, todos los años hasta su muerte. André se lo promete. Y cumple con su promesa. Le dedica tres días al año, entre el 23 y 26 de Diciembre. Estos tres días son la única razón de ser. Los 362 restantes, (363 en los años bisiestos), Patricia llora, llora, llora, de día y de noche. Cada año cuando se acercan las Navidades, la angustia le aprieta el corazón. Para no fijarse en el lento transcurrir de los días, para no morirse de impaciencia, toma pastillas, más pastillas, y duerme, duerme, duerme. Está dispuesta a todo, a las peores humillaciones, a los peores chantajes, para que André esté con ella el día de Navidad. Los amigos en común siempre recuerdan a André su promesa, para que nunca, nunca, la abandone en Navidad. Y nunca la abandona.

 

                Desde su ruptura con André, Patricia a conocido a otros hombres, otros cuerpos, fantasmas irrelevantes que pasan sin curar la herida abierta de su corazón. Patricia ya no quiere amar, ya no sabe. Renuncio a su propia vida para vivir la del que le destrozó para siempre el corazón. Sin él y sin los tres días que le dedica al año, su vida no tendría ningún sentido. Cada mañana, cada noche, desde hace más de veinte años, toma medicinas para vivir y para dormir. Su cara hinchada, su voz irreal, su mirada fija de sonámbula son los signos exteriores de su muerte interior. Una vez al año resucita y entonces su rostro apagado se ilumina:

              “Tres días al año es lo que me da. Del 23 al 26 de Diciembre. Ya eché las cuentas: si me quedan diez años de vida, son treinta días. Treinta Navidades sumándolas, no está tan mal. Da igual, sólo viviré tres días al año, pero es una eternidad. Mi eternidad”.

(Lo eres todo – Luz Casal)

Agosto 21, 2009

El ser humano es raro

Julio 27, 2009

No sirve

           No sirve.

           No sirve pensar tanto y darle vueltas a las cosas. Si al menos lloviera, la lluvia me distraería, pero hace un sol sofocante y el aire parece de cristal a punto de estallar. Hoy estoy triste y no tengo noche donde caerme y los días tampoco tienen un corazón donde caerse, solo palabras ciegas que disuelven los nombres y no sirven para contar la inutilidad de lamentarse.

 

             Y yo parezco un extranjero con la sensación de haber estado otras veces aquí, de que conoce horas inexistentes. Recorriendo la ciudad esperando que suene el teléfono. Pero la ciudad tampoco tiene corazón ni noche donde caerse.

Julio 26, 2009

Cementerio de estrellas

                  No escarmentamos, lo digo muchas veces. Al menos yo en lo que se refiere al amor. Uno no sabe de medidas, no tiene medida a la hora de entregarse a alguien. Y es verdad que hace frío incluso en pleno mes de Agosto, cuando alguien está de un lado más que de otro. Toda la casa tiene frío, las habitaciones, las fechas tienen frío, los teléfonos colgados tienen frío. También el norte de África.

                        Los desiertos se pueblan de frustración y duermen a tus pies como un ahogado. Y esta urgencia de calles, noches, pájaros sin preguntas o con miles de respuestas que vuelan persiguiéndote. Palabras confundidas con agujeros negros, campanarios de luces apagadas, cementerio de estrellas. Una liquidación somos nosotros.

              ¿Dónde está el idioma que nunca hemos hablado y que perdimos?. En esta larga noche la luna es la síntesis de mi melancolía, la paciencia de nieve que se quedó del lado de la tierra en la distancia justa, casi prendida de los árboles, rodando en la ciudad igual que una palabra.

Julio 23, 2009

Quiero ser Diciembre

¿Quién habla de amor?, yo tengo frío y quiero ser Diciembre. ¿Quién habla de lealtades, de amores fingidos?, yo quiero ser Diciembre. Quiero llegar a un bosque apenas sensitivo, hasta la maquinaria del corazón sin saldo.

             Yo quiero ser Diciembre. Para vivir al norte de un amor sucedido, bajo el beso sin labios de hace ya mucho tiempo, como el cadáver blanco de los ríos, como los abrigos abandonados en el respaldo de una silla, yo quiero ser Diciembre.

 

 

Gymnopedie Erik Satie

Julio 23, 2009

Señales

Yo sé cosas, cosas que a mi edad no debería saber, pero las sé con la minuciosa certeza en que otros reconocen las huellas de los pájaros. Cuando era niño no vi entrar una mariposa en la boca de un gato que bostezaba y no la vi salir después como por milagro. Podría haberlo visto, podría haberlo soñado. Si todos creyéramos en el prodigio sería más fácil. Si viéramos señales donde hay azar sería más fácil. Si la pequeña herida que me hice en la cabeza cuando era niño fuera un aviso, fuera una indicación de que yo no tengo la edad que tengo sino ochenta y dos años, entonces tendría motivos para saber.

No tengo motivos y sin embargo, yo conozco adónde van a parar los sueños que se sueñan despierto aunque a veces se tengan los ojos cerrados.

Julio 22, 2009

Huellas azules sobre la almohada

Desde aquí no se ve la estrella polar. No se ve y sin embargo sé que está ahí en algún sitio. En cambio si que he visto la sombra de un avión, de sus alas dejando huellas azules sobre mi almohada.

Ya sé que parece extraño pero ha recorrido esta noche mi almohada con una vibración de película antigua, mientras yo soportaba el calor de mi sudor frío. Sé que todo esto lo he vivido antes y eso es lo peor de todo.

Dicen que uno repasa lo sucedido durante el día, mientras mira al techo en los minutos previos al sueño. Pero a mi, a mi no me ha pasado nada, al menos nada que merezca la pena contar. En cambio si hay algo que podría contar y que no me ha sucedido aún. No sé si pronto o tarde, pero tarde o temprano van a partirme el corazón.

Julio 2, 2009

Y ahora no estás aquí

          Podría en este instante atravesar las estepas de este Julio lanzándome a la calle, donde los taxis ponen mirada de perro cazador y dejarme cazar y por el camino naufragar en algún bar donde haya un árbol con brillo de cerveza, pero mi puerta tiene voluntad de mano que se cierra porque esconde por ejemplo una joya, una esmeralda de color memoria, un sueño que se quiere defender como dos cuerpos se defienden cuando están abrazados.

               Podría, ya te digo, lanzarme a la calle y no parar hasta dejarme arrastrar por unas alas que me llevaran donde tu estás. Billete de ida y vuelta. Mientras me decido, te imagino paseando a Bimba, entre perros callejeros y gentes que hablan tu mismo idioma y edificios inacabados que guardan la ilusión de un porvenir.

Me hace gracia cuando mezclas palabras de Cervantes con las de Chejov y me cuentas como van las obras de tu futura casa. ¿Todo es tan difícil ¿Verdad?. Tu enfermedad a truncado tus ilusiones, las tiene ahí, bloqueadas, como detrás de un muro que no se puede saltar.

               Quien sabe lo que pasará mañana. Quien sabe. Mientras tanto pienso en el presente y tu no estás aquí, pero estás, de alguna forma estás.

Junio 17, 2009

¿Usted sabe que es el amor?

Junio 14, 2009

Disipación

Yo quisiera disiparme a tu lado.

Llaman disipación a la conducta de los libertinos,  conducta de la persona entregada por completo a las diversiones y los placeres.  Pero disipar es hacer que una cosa que está en el aire sea cada vez menos densa hasta desaparecer. Claro que nunca desaparece del todo.

Aunque la niebla se disipa y deja de verse,  queda en el aire extendida.  Disiparme ahí,  a tu lado,  significa aceptar que la materia no es siempre plomo,  carne,  madera. También en ocasiones roza lo invisible.  Porque si la energía es masa por la velocidad de la luz al cuadrado,  entonces la energía es materia también,  es una forma de materia,  y así las conexiones,  las chispas diminutas que deben saltar en el cerebro cuando una neurona se conecta con otra,  son materia también,  y cuando yo te escribo y tu me lees saltan chispas microscópicas,  y tu y yo nos hacemos menos densos.

            Eso pensaba ayer durante la tormenta,  mientras el viento entraba con violencia moviendo la cortina de la cocina. Y allí,  en la terraza,  mientras la lluvia mojaba mi piel nos disipábamos juntos,  como en una danza primigenia que fuera a reclamar la germinación de la tierra. Y yo como un indio vestido para la ocasión estoy más unido a ti que nunca.  Mientras te pienso,  mientras te echo de menos,  mientras te amo en la distancia,  nos disipamos y desaparecemos juntos y al mismo tiempo estoy creando algo tan material y tan real que puedo tocarlo con las manos.

Sacred Spirit-Dawa

Sacred Spirit-Nahanna